Estudios y razones en la enseñanza de Jacques Lacan 2026
Semblante y subjetividades
Dirección de Enseñanza: Gabriel Levy
Consistirá en una serie de presentaciones de lecturas, articulaciones e interpretación, a partir de un tema que se investiga a cargo de algunos de los miembros de Colegio Estudios Analíticos.
Vectores propuestos para abordar la subjetividad de la época:
- Inteligencia artificial
- Adolescencia
- Familia
- Parentalidades
- Infancias
- Psicosis
Participan
Sebastián Bartel | Mirtha Benítez | Laura Bosco | Silvia Conía | Nora Caputo | Sergio Nervi | Paola Preve | Ana Santillán | Marcela Varela
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Notas sobre el título
por Ana Santillán
Este año, Estudios y razones en la enseñanza de Jacques Lacan lleva por título Semblante y subjetividades. Un título propuesto por Gabriel Levy, respecto del cual, a su vez, María del Rosario Ramírez planteó los vectores antes dichos como vías de investigación sobre la subjetividad contemporánea.
Este ciclo, que se desprende del curso a cargo de G. Levy, retoma en el 2026 lo que venimos tratando en los últimos años en el curso anual “Hechos de discurso”. Fundamentalmente, la lectura de El seminario 16, en el que Lacan introduce la lógica de los cuatro discursos, y la del 17 en el que culmina con su formulación; luego, a partir de julio del año pasado, la lectura De un discurso que no fuera del semblante, (están presentes también las resonancias de los dos últimos Cursos de verano sobre el capitalismo, así como los artículos de las revistas ABC, especialmente la última, Capitalismo y subjetividades: Paradojas de la satisfacción).
En El seminario 18, Lacan escribe que “El hombre, la mujer, están atrapados en un discurso”. Que, en tanto tales, son hechos de discurso[1]. En esas páginas, también afirma que los discursos son semblantes[2]. Esto quiere decir que allí donde se creería designar el ser del hombre, o el ser de la mujer, de lo que se trata es de semblante. No hay tal ser. La civilización se funda en ello.
¿Qué es un semblante?
Es una noción muy importante para el psicoanálisis. Una noción que no es tan simple de definir. Lacan llega a ella luego de mucho tiempo de desarrollo, recién en los años 70.
La primera cuestión es que tenemos que despegar su sentido del que le damos en castellano. No se corresponde con el significado más usual que es la del aspecto del rostro de una persona. No se trata tampoco “de un artificio, de un truco, de una trampa”[3]. Menos aún, de un engaño con lo que se esconde la verdad. La afirmación de Lacan de que “La verdad no es lo contrario del semblante“[4], desmiente radicalmente esos sentidos. Ni siquiera se ajusta a las expresiones “hacer semblante de” en tanto el uso de semblante como fingimiento o “de hacer como si”.
Si bien en castellano tiene un sentido que se acerca a apariencia, “El semblante no es una pura apariencia de la que habría que preferir algo más esencial”[5]. No se trata de ninguna de esas acepciones, sino de “una acepción lacaniana”[6] del término. Una acepción que nos propone otra cosa, otra lectura.
El semblante no es la apariencia en el sentido de reducirlo a lo imaginario. Es una categoría con la que Lacan conjuga lo imaginario y lo simbólico, al mismo tiempo, juntos. Amalgama lo que es a la vez “ser” y “apariencia” de manera indisociable. Esto es muy importante. De allí la definición que da Lacan de que “semblante es lo que parece ser”. Ser y parecer son lo mismo.
Entonces, ser no se opone a parecer, sino que se confunde con él. En el seno mismo “del ser hombre”, “del ser mujer” se ubica el semblante, lo que es lo mismo que decir no hay ser que no fuera del semblante. El ser no se opone al semblante, en tal caso se opone a lo real.
El fundamento de esto es el lenguaje. La existencia de un vacío en el lugar de la referencia. No hay tal ser, no hay esencia –podríamos decir− y allí, en ese vacío, puede ir cualquier cosa. Es el lenguaje el que crea el ser que no existe. Esa es la potencia creadora del lenguaje. Es decir, que “El semblante consiste en hacer creer que hay algo ahí donde no hay”[7].
El semblante vela ese vacío estructural, vela la nada. Esto se hace evidente, por ejemplo, en la psicosis. La psicosis hace ver qué pasa con lo real del padre cuando falta el semblante del padre, lo que llamamos nombre del padre. Por eso podemos afirmar que “La psicosis desnuda los semblantes”[8].
Ahora bien, ¿cuál es el uso que le da el psicoanálisis al semblante? Para captarlo es necesario un cierto recorrido por otras nociones. Fundamentalmente, por los discursos. De hecho, Lacan presenta esta noción recién en El seminario 18, tras formular la escritura de los cuatro discursos.
Discurso y lazo social son equivalentes. Cuatro discursos, cuatro modalidades de lazo social. “Llamamos lazo social a la manera como se regula cualquier sujeto con el lenguaje y con el goce”[9], que va a estar determinados por esas cuatro grandes enunciaciones que son los discursos.
El semblante es algo inseparable del discurso. Más precisamente, es un lugar en el discurso. Si un discurso se apoya en cuatro lugares, el lugar del semblante es lugar de arriba a la izquierda. Viene al lugar del agente, al lugar del que comanda la acción[10]. Aquel que por la función de su ocupante da título a cada uno de estos discursos.
Por lo tanto, en cada uno, el supuesto que dirige es un semblante. Un lugar que permite al elemento que se coloque allí hacer las veces de agente. En tanto tal, es un modo de regular el lazo social. Por lo tanto, se ve bien por qué el semblante no es una vana ilusión, sino que tiene un papel efectivo, ya que es el agente el que especifica una manera de satisfacción.
Entonces el semblante es aquello que regula la economía del discurso. Quiere decir que se puede leer una satisfacción en cómo están comprometidos los sujetos en cada discurso, en cada uno de esos cuatro ordenamientos subjetivos fundamentales.
¿Qué es lo que va a parar al lugar del semblante en cada discurso? Y ¿en cada época? Cada discurso es un modo de sostener los semblantes, es decir, un modo de tratamiento del goce diferente, que es lo que produce un modo de subjetividad.
Es más, podríamos decir que todos los productos de nuestra civilización son semblantes. Un pasaje de Balzac, maestro en atravesar los semblantes de su siglo, lo ilustra con ironía: pone en el centro de Paris, una tienda de antigüedades, un bazar de cosas en desuso, un almacén que representa el mundo y sus distintas épocas: “una pintura de Napoleón, un yatagán moro, ídolos tártaros, retratos de burgomaestres holandeses, un busto de Cicerón, una momia del Antiguo Egipto, un vaso etrusco, un ídolo chino y centenares de otros objetos”. Pongamos los objetos actuales y tenemos una vidriera de nuestro tiempo.
Un tiempo se corresponde con el discurso del capitalismo. Es decir, “el lazo social que se desprende del modo de producción llamado capitalismo. Un discurso que, en realidad, es considerado por algunos como un contradiscurso porque en su lógica y en la enunciación de lo que se puede desprender va en contra del lazo social”, como nos recuerda Gabriel Levy.[11]
Contradiscurso que determina la lógica de la vida contemporánea y que permite una lectura del nuevo malestar en la cultura. Una lectura de nuestra contemporaneidad, tal como escribe María del Rosario Ramírez, la última ABC[12]:
es conocida su doble bisagra: por un lado, el ascenso social del goce del objeto a; por otro, la degradación de lo simbólico, su aplastamiento evidente. Lo notamos, sin duda, en el decaimiento de los recursos de la lengua, de sus riquezas y de sus de sus dimensiones poéticas, lo que coopera en las declinaciones de la pérdida de los ideales, cuyas consecuencias son notables en las formas en las que los sujetos quedan a la deriva y sin orientación. A la par, se hace sentir en nuestra práctica una pérdida de relación al inconsciente. No es cuestión de volver el tiempo atrás, sino de estar a tono, de leer el malestar en la civilización actual.
Para terminar, comparto algunas preguntas:
¿Cuáles son las consecuencias en el lazo social, en una civilización como la de hoy, marcada por la declinación de la función paterna?, ¿cuáles son los alcances de la caída de ese orden?, ¿cuáles son los efectos en la subjetividad de un discurso que forcluye al sujeto?, ¿cómo estamos cada uno metidos en este discurso?, ¿cómo operan los semblantes en esta época?
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[1] Parafraseando los dichos de la página 135 de El seminario 18, de J. Lacan.
[2] Idem., p. 15: “el discurso sólo puede presentarse como semblante”.
[3] J.-A. Miller en Mujeres y semblantes.
[4] Lacan, Op. cit., p. 24.
[5] Miller, Op.Cit.
[6] Bassols, M., “Algunas observaciones acerca del “semblante”.
[7] Miller, J-A., De la naturaleza de los semblantes, p.18.
[8] Miller, Op. Cit., Mujeres y semblantes.
[9] Levy, G. Curso anual “Hechos de discurso”, dictado durante el 2025, en Colegio Estudios analíticos.
[10] Cuando el significante amo está en ese lugar, es el discurso amo; cuando ese lugar lo ocupa cierto saber, es el discurso universitario; cuando el sujeto en su división se halla allí, se trata del discurso de la histérica y, finalmente, cuando lo ocupa el plus-de-gozar, hablamos del discurso del analista.
[11] Levy, G, Curso de verano 2025, “Sobre el discurso capitalista”, dictado en Colegio Estudios Analíticos.
[12] Ramírez, MdR., “El discurso del analista en la civilización de hoy”, en revista ABC Nº9; p.43-55.
Inicio:
14 de marzo
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