SEMINARIO 2026

Lecturas sobre las pasiones

Clínica – Ética


María del Rosario Ramírez

El tema que he propuesto para este año de seminario «Lecturas sobre las pasiones” clínica y ética, es un tema al que he llegado a partir de los años anteriores de investigación que me trajeron hasta aquí.

De las pasiones se han ocupado desde la antigüedad. Ya la etimología griega participa de esa tradición, el término pathos trata de eso. El pathos o pathema habla de dos vectores diferentes. Uno, traduce el sufrimiento, el padecimiento. La pasión vista en la perspectiva del sufrimiento. En el diccionario griego encontramos varios usos. Si bien algunos están ligados al sufrimiento, otros lo están a “sentir” y esto último cambia las cosas. No todas las pasiones tienen que ver con el sufrimiento, cuya máxima expresión en el cristianismo fue la pasión de Cristo.

La pasión también depende de cómo se toman las cosas. Por ejemplo, con pasión. Podría ser lo contrario, claro. Apasionadamente, estarían interviniendo allí el deseo y el goce. Son innumerables los lugares donde Lacan se ocupa de las pasiones. Casi no hay escrito o seminario donde la cuestión no esté presente. Tiene una doble vertiente, una es clínica, a partir de la experiencia del análisis para Lacan, y la otra es ética y hasta podríamos decir política. ¿Por qué? Nos lo dice Lacan de modo soberbio. Por ejemplo, en el escrito “El estadio del espejo” (del 49),que corresponde a los primeros años de su enseñanza: «los sufrimientos de la neurosis y de la psicosis son para nosotros la escuela de las pasiones del alma, del mismo modo que el fiel de la balanza psicoanalítica, cuando calculamos la inclinación de su amenaza sobre las comunidades enteras, nos da el índice de amortización de las pasiones de la civitas»[1]

No es igual en las diferentes épocas. Solo el psicoanálisis mide esos efectos de nudo que en cada época tiene la economía de las pasiones, su costo o su depreciación, en una determinada comunidad.

Hay un lugar central para considerar las pasiones, el núcleo de las pasiones: el “yo”. Aquí conviene hacer la diferencia entre el yo y la serie de identificaciones, las “capas de cebollas”; y, por otro lado, su núcleo libidinal. El yo como concentración libidinal, condensación de goce. Por otra parte, lo que ocurre con el yo tiene derivas diferentes en la interrogación de Jacques Lacan sobre las pasiones, en particular en los últimos años de su enseñanza.

En los primeros tiempos, de un Lacan joven, habló de las “pasiones del alma” que luego distingue de las “pasiones del ser”. Ambas cuestiones hunden sus raíces en sus escritos, tomando por apoyo algunos filósofos. Por ejemplo, cuando sugiere lo conveniencia de volver a Descartes al hablar de “las pasiones del alma”. En particular a su Tratado de las pasiones[2].

Las “pasiones del ser”[3] para tratar “la falta en ser”, la relación del sujeto al Otro, y sus derivas analíticas: Amor, Odio e Ignorancia.

La lista de autores es extensa. Lacan también ha tratado muchas cuestiones del psicoanálisis acompañado de grandes autores de la literatura. La lista es enorme, pienso en Marguerite Duras, Joyce, los textos de las comedias, de las tragedias, Shakespeare. Nunca para hacer un análisis aplicado de los autores, sino al contrario, para enriquecer con sus letras al psicoanálisis.

Pero hay un autor medieval. Un gran poeta que habla de las pasiones. Me estoy refiriendo a Dante Alighieri. Dante, de quien uno de sus escritos más conocidos es La Comedia. En Lacan encontramos varias referencias a Dante, no se trata de hacer su análisis. Por el contrario, tanto para Freud como para Lacan, los artistas llevan la delantera al psicólogo. La literatura en particular, las referencias a ellos son para ver en qué punto de lo que han escrito enseñan algo al psicoanálisis. A su vez, sus obras pueden tener consecuencias valiosas para pensar la clínica. En La Comedia Dante habla de las pasiones. Se basa, para las pasiones, en un gran estudio previo; por ejemplo, en Santo Tomás, Aristóteles. Aristóteles concentra las pasiones en tres: “incontinencia”, “violencia”, “engaño”. Esto Dante lo desarrolla, en una imbricación de autores que no es por el simple hecho de mencionarlos, sino porque están en la lengua, están en nuestra cultura, están -si pudiéramos decir así- en lo que llamamos el Otro. Me refiero a Virgilio y la Eneida, Homero y la Odisea. Ahí, y en otros autores, están las tradiciones, la cultura.

Dante hizo aparecer en su texto las pasiones. A contraluz, habló de manera poética y alegórica de las pasiones, de la corrupción de una sociedad, de la lucha entre bandos políticos, de las traiciones, de la soberbia, de la avaricia de la Iglesia. No me voy a detener en eso, por ahora.

El tercer término de Aristóteles es el engaño. Dante lo diversifica. El engaño, la traición para Dante es el peor de los pecados. Lo ubica en el último círculo del infierno. Dante habla, entre otras pasiones, de la cobardía, de la pereza. Habla de la lujuria. Sobre esto encontramos algunos pasajes extraordinarios. Como dije, Lacan se refiere a Dante en el texto de 1973, “Televisión”, para hablar de la tristeza como pasión. De la tristeza habla desde los primeros años de su enseñanza hasta los últimos tiempos. Es muy conocido el pasaje de «Televisión» donde vuelve a hablar de la tristeza. En La comedia, la tristeza aparece al lado de los iracundos, los violentos. Los violentos pueden ser violentos hacia los otros, pero también pueden ser violentos hacia sí mismos; es decir, los suicidas, por ejemplo. Y hay otro tipo de violencias.

Una vez que Lacan vuelve a esto, vuelve a hablar de pasión del alma. Toma la tristeza, pero también su contrario, que es la alegría. Va a haber un lugar para eso, esperemos, pero primero hay que pasar por el infierno. La tristeza es una pasión en la letra de Lacan. Hace referencia a Dante, también a Spinoza, «La tristeza es un pecado», “una cobardía moral”. Es decir, no haber llevado las cosas hasta el final. No haber llegado hasta el final de otra manera. En definitiva, la decisión de “Sentir”, de «Vivir la vida». Hay muchas cuestiones en esto. Dante habla de la tristeza en varios lugares de La comedia. Y el otro autor que habla sobre la tristeza es B. Spinoza, quien dice. sintéticamente, que en la tristeza se trata de la caída de la potencia que no permite obrar. Esto tiene una consecuencia al nivel del decir. Para Spinoza la tristeza ocurre por no tener noción de la causa, que tiene como consecuencia la pérdida de la potencia.

¿Qué podríamos decir? Que en la tristeza hay una dimensión que se ha tratado desde los antiguos, en la Edad Media configuró un problema muy serio en los monasterios. Cosa de la que habla Agamben en un libro conocido (Estancias). El libro habla de la tristeza, esta vez la tristeza articulada con la acedia. Y la acedia, ¿qué significa etimológicamente? Es no ocuparse. Y está en una combinación con la tristeza, pero también con la pereza. Y también con la cobardía. En La comedia no faltan pasajes sobre la cobardía, como cobardía moral, de lo que habla Lacan en “Televisión” de una manera muy interesante. Hay una frase que me ha llamado mucho la atención, me remito al texto La divina comedia: «Senza infamia e senza lode«. Podemos traducir la frase, “sin infamia y sin elogios”; dicho de otra manera, “sin pena ni gloria”. Es un modo de cobardía, se trata de aquel que no toma ninguna decisión. Que se queda en el medio.

Esto es interesante, me hizo recordar una cuestión de la que habla Kant en “¿Qué es la ilustración?”: «ser culpables de la minoría de edad»[4]. ¿Qué quiere decir esto? Que somos culpables toda vez que nos quedamos en la minoría de edad. La minoría de edad implica quedar bajo la tutela del otro; por consiguiente, sin ninguna decisión. A la hora del Otro, dice Lacan cuando habla de Hamlet. Estar bajo la tutela del otro, bajo las coordenadas del otro y no tomar ninguna decisión. Kant habla de sapere aude, que quiere decir “anímate a saber”. Pero anímate a saber no es en términos de cuánto se estudia o cuánto saber acumulado se tiene, sino anímate a reflexionar. El sapere aude sería una operación contraria a la minoría de edad.

Ahora bien, en algún momento leía en Horkheimer y Adorno -autores que hablan sobre la ilustración-  también sobre sapere aude dicen que Sade logró salir de la minoría de edad. Bueno, quizás haya otras maneras, porque ahí tendríamos un arco del “anímate” ligado a la perversión.

En las pasiones está la cuestión de qué lugar tiene el otro, qué lugar tienen los otros en esta relación a la tristeza, a la cobardía moral. Si nos quedamos con la tutela del otro, del Otro, o nos animamos a la reflexión y en qué marco. Me pareció un hallazgo la frase de Lacan en el “Estadio del espejo”, la neurosis y la psicosis entran en la balanza psicoanalítica, para ver hacia dónde se inclina el fiel en las consecuencias que tienen las pasiones, en la neurosis y en la psicosis, hacia dónde se inclina la balanza cuando se trata de la comunidad, de la civilización. Nos permite pensar un estado de la civilización en los diferentes tiempos históricos.

[1] Civitas (comunidad)

[2] Descartes. R. Las pasiones del alma

[3] Lacan, J. Escritos. “La dirección de la cura…”

[4] Kant. E. “¿Qué es la ilustración?”.

Dictado por:
María del Rosario Ramírez

Inicio:
28 de marzo

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