Tengo un millón y quiero dos (I want two)
Tengo un ángel, pero quiero a Dios
Tengo todo lo que quiero, pero quiero lo que tenés vos
Gimme more, Ca7riel y Paco amoroso
“Money, money, money… All the things I could do If I had a little money” cantaba ABBA en 1976. El dinero es asunto de todos los días: establece relaciones de poder, es motivo de conversación entre amigos, matrimonios, relaciones comerciales, y también en las noticias. Los analistas no estamos exentos de hablar de dinero, elegimos que quienes acuden a nuestra consulta paguen con dinero. De allí se desprenden innumerables viñetas: avaricia, codicia, ambición, deudas, acumulación, derroches, pobres y ricos, olvidos, demoras. Afirmo que la relación que se establece con el dinero es en sí misma una forma de relación a la vida, y también a la muerte. Entonces, ¿qué significa pagar? ¿Es lo mismo pagar que gastar? ¿Qué paga alguien cuando paga en análisis? ¿Es lo mismo pagar en papel billete que virtualmente?
Freud dedicó parte de su trabajo a objetivar las condiciones para que un análisis se establezca, y no dejó afuera el asunto del dinero. La economía está presente en Freud también respecto de la libido. La pulsión para Freud, articulación límite entre lo psíquico y lo somático, abandona en Lacan esta dimensión para constituirse como un órgano. Dice Lacan: “La libido es el órgano esencial para comprender la naturaleza de la pulsión. Este órgano es irreal. Lo irreal no es lo imaginario. Se define por articularse con lo real de un modo que no podemos aprehender, y por ello, justamente, requiere de una presentación mítica, tal como la nuestra. Pero ser irreal no impide a un órgano encarnarse.” (Sem 11, p.213)
Cuando alguien paga, no se limita a una operación de pérdida, ni de intercambio, sino a la reedición de una tragedia que ha logrado transfigurarse para sobrevivir y perpetuarse cimentando la cultura.
Este trabajo se inscribe en el vector Semblante y Psicosis pensado en ocasión de la VI Jornada de Temáticos de Colegio Estudios Analíticos.
Empuje-a-la-mujer aparece así escrito, en una sola oportunidad en la obra de Jacques Lacan: en El Atolondradicho, escrito que corresponde al último período de su enseñanza y quedará ubicado en relación al tema de la sexuación.
Empuje-a-la-mujer: con guiones entre las palabras, da cuenta de un complejo unitario, los términos comienzan a tener una relación entre ellos para dar cuenta de un concepto novedoso. Noción con la que Lacan, retomará la psicosis del Dr. Schreber y su goce transexualista.
Inferimos entonces que las psicosis pueden enseñarnos algo acerca una de las cuestiones reales que afectan a cualquier ser hablante: su relación al sexo.
Es evidente que los cambios en el orden simbólico del siglo XXI han incidido en el modo de los síntomas del sujeto contemporáneo. La sexuación no es ajena a estos cambios, entonces: ¿cómo pensarla en una época donde la mayoría de los sujetos no se sostienen en la garantía del Padre?
El empuje-a-la-mujer dice de un empuje a un ilimitado, a un infinito que caracteriza a la subjetividad actual.
Sujetos transexuales o transgéneros ya no son algo excepcional como lo eran en el siglo de Freud. Es frecuente que recibamos consultas cuando algo se presenta como malestar en sujetos que han decidido o aún no, alguna transición.
Se nos abren interrogantes: ¿el empuje-a-la-mujer siempre está ligado a una cuestión transexual? ¿se superponen o no? ¿los podemos pensar solamente en el campo de las psicosis? ¿qué importancia clínica tiene escuchar algo que nos indique que estamos ante un efecto empuje-a-la-mujer? ¿encontramos el empuje-a-la-mujer solamente en hombres? Si no es así, ¿cómo se presenta en las mujeres?
Con estas inquietudes los invito a participar de la VI Jornada de Temáticos de Colegio Estudios Analíticos.
¿Qué podemos decir sobre la responsabilidad en las psicosis?
En 1965 Jacques Lacan afirmó “de nuestra posición de sujeto somos siempre responsables”, en sintonía con lo que Sigmund Freud formulara, años atrás, a partir de su descubrimiento del inconsciente: que somos responsables aún de aquello que no tuvimos la intención de hacer o decir. Como ejemplo paradigmático, el contenido de los sueños.
El sintagma “sujeto responsable” comporta una paradoja, ya que en psicoanálisis el sujeto es efecto de significación, emerge de la cadena que conforman los significantes que lo han determinado. Entonces, ¿cómo podría hacerse responsable de algo de lo cual no es agente? Además, esta determinación, que concierne a la estructura, abre al interrogante acerca de qué lugar hay para la libertad en este asunto: si el sujeto está determinado por el lenguaje, ¿hay decisión subjetiva? ¿esa elección es libre?
En tiempos de la constitución subjetiva, se producen operaciones mediante las cuales el sujeto admite -o no- la entrada en el mundo simbólico, en el universo del lenguaje, en el campo del Otro. Dichas operaciones resultan determinantes, ya que de ello deviene una posición del sujeto en la estructura. En este punto intento articular la cuestión de la “insondable decisión del ser”, expresión de Lacan al explicar la causalidad psíquica; y la noción de asentimiento subjetivo, en tanto punto incalculable en que el sujeto se afirma, o rechaza, lo que le viene del Otro. También lo considero respecto de lo que sucede en el análisis, pero, ¿es aplicable al campo de las psicosis?
El trabajo se desarrolla en torno a éstas, y otras preguntas, que apuntan a problematizar el cruce entre responsabilidad y psicosis, a fin de poder pensar las cuestiones complejas que nos plantea la clínica psicoanalítica.
Junto a otros temas de investigación, conversaremos en nuestra próxima Jornada de Temáticos en Colegio Estudios Analíticos.
A partir del recorrido que vengo realizando en el temático De lo que se trata es de la transferencia convocado por Sergio Nervi, fui estableciendo una serie de trayectos que contemplan consideraciones de la transferencia tal como Freud la definió en los inicios del psicoanálisis — motor y resistencia — hasta el pivote desde donde Lacan articula todo lo que tiene que ver con ella: el sujeto supuesto saber (Lacan, 1967, p.266).
A partir de ese camino, dispuse algunos interrogantes que pusieran a trabajar esas conceptualizaciones con la época actual tomando como fenómeno contemporáneo la aparición de un nuevo producto del discurso capitalista: la inteligencia artificial y la ilusión de que es posible un saber total.
¿Qué consecuencias tiene en la subjetividad? ¿Desde qué lugar se espera un saber? ¿De qué saber hablamos cuando se trata de un análisis?
«Nadie puede ser ajusticiado in absentia o in effigie» (Freud, 1912, p105), nos advierte Freud y nos recuerda la importancia de la presencia del analista y el analizante. Por su parte, Lacan dirá: «En consecuencia, podemos decir que detrás del amor llamado de transferencia está la afirmación del vínculo del deseo del analista con el deseo del paciente» (Lacan, 1964, p.262). Se trata de un vínculo — a diferencia de la IA — que incluye los cuerpos y el deseo para que se instaure una relación al saber, al saber inconsciente, saber que de antemano no está en ningún lado, sino que se produce a medida que el sujeto habla, lo cual permite la emergencia de alguna verdad, semiverdad, nunca completa. Por lo tanto, es un deseo que no apunta a producir sentido, significación o desciframiento.
Sin embargo, la época actual presenta algunas dificultades para que se constituya el sujeto supuesto saber. Sobre estas y otras cuestiones me detendré a lo largo de mi trabajo.
Resulta sorprendente que Lacan, en el último tiempo de su enseñanza, propusiera un inconsciente real. Es llamativo aun para los lectores de su obra, acostumbrados a tratar con el inconsciente simbólico. A mediados de los 70, Lacan reinventa el inconsciente.
Un inconsciente que nombra las marcas iniciales de lalengua; pequeños restos sonoros, restos sin sentido, aquellos de los que alguna vez el sujeto se agarró para no naufragar en ese mar del lenguaje, que lo alojó de algún modo al nacer. Eso que no cesa de no representarse, eso, lo traumático.
El planteo del inconsciente real aparece por primera vez en un texto muy breve del 76, en el “Prefacio a la edición inglesa de El seminario 11”, aunque hay que decir que ya se lee en la penúltima clase del seminario RSI.
¿Qué lo llevó a dar este viraje?, ¿cómo pasó del “inconsciente estructurado como un lenguaje” al inconsciente real?, ¿con qué se encontró para que hiciera esta transformación?, ¿cuáles son las nociones implícitas en la marcha hacia esa modificación?, ¿cuáles son las posibilidades que trae a la práctica analítica?
Preguntas que requieren de un largo trayecto, un trabajo de largo alcance, cuyos pasos iniciales presentaremos, junto a algunos colegas, en las próximas Jornadas de Temáticos en Colegio Estudios Analíticos, que se realizarán el viernes 2 y el sábado 3 de octubre, y a las que los invito a participar.
Este escrito nace a partir de la transferencia de trabajo y pretende realizar una lectura sobre la pregunta: ¿Qué significa pagar? La noción de pago en un análisis se presenta como una operación que excede el intercambio económico. Pagar no consiste únicamente en entregar dinero; implica consentir una pérdida. Allí donde el sujeto podría aspirar a conservarlo todo… En ese movimiento, el pago no sólo sostiene la función del analista, sino que también hace posible la instalación de la transferencia, propiciando el pasaje al Sujeto Supuesto Saber.
Al pagar, el analizante no compra un saber. No obtiene las tan ambicionadas “herramientas” en diálogo con el analista, demandas frecuentes de la época. Mucho menos consigue recetas que funcionen. Entonces, ¿qué se paga en un análisis?
Por otro lado, ¿el ahorro es el reverso del pago?, ¿es un modo de la acumulación? A fines de profundizar sobre el término acumulación, me aventuré a leer El Capital de Karl Marx (1867) bajo la sugerencia de Gabriel Levy. Allí, el autor plantea que la acumulación capitalista se sostiene en la plusvalía. Es decir, en ese excedente producido por la fuerza de trabajo que no retorna al trabajador como salario, sino que es apropiado por el capitalista y constituye la fuente de la ganancia, de la expansión y acumulación del capital. Es precisamente este concepto el que Lacan retoma para pensar el plus de goce en el Seminario 16: De un Otro al otro (1968-1969) en la Clase 1 titulada “De la plusvalía al plus de gozar”. En esta línea, contamos con los antecedentes estudiados e investigados que transmitió Sergio Nervi en sus clases en el año 2024, y a quien le agradezco por orientarme en este trabajo. Hasta aquí, tenemos algunas pistas significativas y un nuevo término que comienza a circular en este escrito: plus de gozar.
Recapitulando, la cuestión del dinero y el pago en un análisis, no parecen reducirse a una economía monetaria. Parecería tratarse, más bien, de una economía libidinal. Allí donde el capital busca la acumulación, el análisis introduce la pérdida como condición para el sujeto. ¿Tal vez sea en ese punto, donde pagar y ahorrar dejan de ser simples operaciones económicas, para convertirse e inaugurar la posición analizante?
¿Qué quiere decir que el inconsciente es lo real? La pregunta guía este recorrido por la transformación del concepto de inconsciente en la enseñanza de Lacan y por sus consecuencias clínicas en la práctica del psicoanálisis. A propósito de la lectura de El seminario 23: El sinthome, pongo en articulación los términos “inconsciente” y “real”.
En la clase “De lo inconsciente a lo real”, Lacan afirma que lo real constituye su respuesta sinthomática a la invención freudiana del inconsciente. Si bien Freud sostiene que el inconsciente supone siempre un saber y puede ser interpretado, también encuentra sus topes; algo resiste al saber y a la producción de sentido. Lacan se detiene en esos límites: el ombligo del sueño, las “redes” que Freud plantea en “Proyecto de una psicología para neurólogos” funcionan como un antecedente que retoma para pensar, en términos de cadenas y nudos, aquello que concierne a lo real.
En “El yo y el Ello”, Freud separa el inconsciente del ello y habla de pulsiones mudas. El inconsciente entonces no es solamente productor de sentidos. Lacan también repara en la Urverdrängung freudiana (represión primaria) como agujero que aspira y en otros textos, como «La negación” en el que, para decir sobre el inconsciente, Freud pone “patas para arriba” las discusiones filosóficas sobre la existencia y el juicio.
El inconsciente del que habla Lacan en los últimos años de su enseñanza es otro. En la clase 10 de El seminario 22, afirma que no hay otra definición posible de inconsciente que “el inconsciente es lo real”. En ese contexto, apunta al trauma y al agujero en el ser del parlêtre.
Lo real está presente en el goce del síntoma y en aquello que insiste más allá de toda producción de sentido, y que escapa al semblante. En este tiempo, no hay inconsciente sin cuerpo y sin los efectos de lalengua sobre el cuerpo.
Sobre estos temas, y algunos otros, estaremos conversando en la próxima Jornada de Temáticos en Colegio Estudios Analíticos.